Saboteaba naves en dique seco,
tras calafatear.
Te gustaba.
Juntos íbamos a ver los naufragios
al atardecer.
A condecorar a los náufragos
que sabían nadar.
A los otros les condecoraban
el mar y las rocas.
Intentonas de cuento y otras tonterías.
Saboteaba naves en dique seco,
tras calafatear.
Te gustaba.
Juntos íbamos a ver los naufragios
al atardecer.
A condecorar a los náufragos
que sabían nadar.
A los otros les condecoraban
el mar y las rocas.
Enero 27, 2008 a 10:53 am
Y cuando se me pegó la brea a la cara y me la tuve que fregar con la estopa, se me quedó cara de calafate, pero no te dije nada, dejé que siguieras con tu discurso en el que siempre te imaginabas en otros puertos, con otros tatuajes, pero siempre con el mismo músculo marinero. Me gustaba oírte mientras pasab el cepillo por las tablas, me daba por creerme que a lo mejor tenías razón y que era posible salir de esos mares.
Ahora, mientras doy trapo a la cangreja me da un poco de risa, me acuerdo de tus “haikus” marineros y todo me resulta pelín desojonante.
Creo que me voy a dar al ron otra vez.
Enero 27, 2008 a 10:54 am
desojonte no, descojonante, leshes.
Febrero 6, 2008 a 5:25 pm
olé