El presentador, con gesto solemne, enunció una pregunta y cuatro posibles opciones. El concursante se rascó la cabeza. Ángel, en su casa, se encogió de hombros y bajó la guardia. Una nausea le golpeó duro en el paladar. Tragó y se dijo que ya se acostumbraría. El concursante salió airoso. Resopló en el micrófono y el presentador puso mala cara ante la distorsión. Pasó, sin más dilación, a enunciar otra pregunta y cuatro posibles. Chilló la respuesta varias veces, derramó cerveza en el sillón. El concursante ajeno a sus gritos procedió con una respuesta incorrecta. Sacudió la cabeza, incrédulo, antes de que el concursante fuera enviado a casa con una sonrisa y los bolsillos vacíos. Él, satisfecho, recostó los pies sobre la mesa y apoyó la oreja en el hombro de la mujer. Se acostumbraría, se dijo una vez más, aún era pronto. Sonó el teléfono, se sobresaltó y dio un pequeño espasmo. La cabeza de la mujer se desprendió del torso, bajó entre sus piernas y continuó rodando hasta el centro del salón, removiéndose el pelo como el pompón de una cheerleader, cambiando su rumbo caprichosamente cada vez que, al girar, tropezaba con su propia nariz. Se detuvo de lado, mirándolo con mohín desgarbado. Ángel gritó que era la última vez que le hacía eso, alzó el puño y recordó con estupor que hacía tan solo tres noches había jurado que no volvería a pasar. Musitó un perdón y se encaminó hacia la cabeza. El teléfono seguía sonando. Cedió el contestador y una voz metálica inundó la casa.
Febrero 17, 2008 a 11:03 am
“Hola, le llamamos de la tele para decirle que ha ganado 1000 euros, menos el 18% de impuestos, por acertar con el sinónimo de decapitado, 5 letras, tajar.”